—Bien. Lo que expones me da un contexto para aclarar la situación de China, que parece pasárseles por alto a los otros países —comenzó Huang.

—China es una nación que está tratando de unir sus   territorios bajo una misma dirección política desde mil años antes de que siquiera naciera la república romana. Y aunque la Revolución cultural logró, al menos, que tuviéramos un lenguaje común entre diferentes regiones y etnias, todavía permanecen algunos lenguajes que son hablados por más personas que, por ejemplo, el alemán. Todavía las minorías étnicas, con su cultura y su forma de ver la vida, representan cerca del 10% de la población. Y en China eso significa más de 100 millones de habitantes. Ellos tienen más territorios y pobladores que España.

»Pero el problema no es tanto tener una unidad política, como han demostrado las diferentes dinastías imperiales y la República Popular. El problema principal es tener una unidad cultural, o por lo menos, tener los mismos objetivos, una igualdad social entre diferentes zonas. No voy a mentirles   diciéndoles que todo aquí es una maravilla. Basta leer los medidores internacionales de desarrollo social, para saberlo.

»Muchas veces se critica el sistema autoritario que    tenemos en China, pero no toman en cuenta que sin ese sistema autoritario hubiera sido imposible lograr un cambio tan rápido en un país que era atrasado y pobre apenas hace cincuenta años.

»Aproximadamente cuando tu país estaba viviendo su momento de mayor ingreso e inversión pública, Jorge, China estaba iniciando el cambio hacia un sistema moderno y productivo. Estábamos acabando con la Revolución Cultural de Mao y su grupo cercano, que logro cosas muy valiosas, debo reconocer, para darle más libertad a los procesos de trabajo en las empresas y a aceptar los liderazgos naturales de algunas personas. Empezó el respeto a la propiedad privada, al capital y las inversiones.  Hoy China es la segunda economía del mundo. Tu País, que fue el de mayor crecimiento por gran parte del final del siglo pasado, hoy es uno de los más pobres.

—Claro, ustedes dejaron de ser socialistas y nosotros empezamos a serlo  —lo interrumpió Jorge.

—Creo que es una síntesis exagerada, pero no me voy a enganchar a esa discusión. Lo que sí quiero hacer notar es que nosotros logramos lo que somos gracias a un gobierno autoritario que ha controlado un proceso traumático y difícil, y ustedes llegaron a lo que son por respetar la voluntad de la mayoría ignorante.

»Quiero terminar de expresar que sí creo en la necesidad de una unidad de criterio, a nivel mundial, alimentada y modificada por las opiniones y los deseos de los más capaces. Pero también creo que, para llegar a ese estado, debemos tener un sistema autoritario que permita que ocurra. La verdad es que creo muy difícil que la Comunidad Europea se consolide, Egbert, disculpa que te lo diga. Aunque en la actualidad     Alemania y Francia estén dispuestas a impulsarla y financiarla, gracias a su sistema democrático, quizás en unos pocos años será lo contrario, porque los regentes de ellas serán nacionalistas, como Le Pen en Francia, o los extremistas de derecha que crecen en Alemania Oriental. Y eso también puede suceder por la derecha radical de Italia o los independentistas de España.

— Quizás, a pesar de que lo considero imposible, en pocas décadas las naciones persigan un objetivo común, respetando sus diferencias e integrándolas a sus diferentes sociedades. Quizás haya sucesos que lo ocasionen. Los cambios en la sociedad humana son impredecibles. Pero, por los momentos, debemos responsabilizarnos por lo que hay, como dice Egbert.

Por primera vez se puso de pie y todos podías observar un Huang apasionado, que no controlaba cada gesto y palabra.

»Claro que estoy de acuerdo con tener como meta el objetivo que propones, Enrique. Pero creo que debemos establecer prioridades sobre qué zona está más cercana a lograrlo y apoyarla. Esa es mi propuesta.

Imagen de Ray Wong en Pixabay

Soldados con bandera china en desfile
Soldados con bandera china en desfile
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