—¿Quieren que expresemos nuestras intenciones? ¿Saber qué queremos de nuestras vidas y del futuro mundial?  —pregunto Huang.

—Como inicio, sí. Tenemos bastante tiempo de por medio antes de que la parte efectiva del plan se lleve a cabo. Creo que debemos cubrir muchos tópicos que he seleccionado. Ver si estamos de acuerdo en nuestro enfoque. De lo contrario estaríamos construyendo la misma estructura para lograr objetivos que pueden ser contradictorios. Perderíamos tiempo.

—Me imagino que todos tenemos los deseos de las mises: paz mundial y el fin del hambre. ¿Qué más podemos querer? No soy un sociópata que recibió mucha dopamina cuando era un feto. Me preocupa el bienestar de las otras personas. Aunque tengo claro que su origen no es religioso, moral o legal. Que es la orden grabada en nuestros genes de animal que nos ayudó a sobrevivir y ser la especie más exitosa. Y por eso lo consideramos normal, la norma, lo bueno… Lo digo porque me imagino que tu duda apunta  a mí, que soy con el que no has tenido contacto personal ni tiempo de conversar —dijo Huang, mirando directamente a Enrique.

—No tanto a ti, como persona, sino a ti, como representante de un gobierno totalitario que controla las elecciones y todos los medios de información y comunicación —le respondió Jorge.

—¿Qué quieren que diga, que estoy en contra de mi gobierno? Por supuesto que no. Hay cosas en las que estoy en desacuerdo, por supuesto, pero, en general, me parece que lo ha hecho muy bien. Del país atrasado que éramos convirtió a China en la segunda economía mundial y uno de los grandes actores de la política internacional.

Enrique miró a Gabriela y le picó el ojo.

—Vuelvo a la referencia de Hitler —le dijo Jorge—. Me parece fantástico que China quisiera expandir su influencia política en Latinoamérica, vender los excedentes de producción en muchas de sus empresas y conseguir petróleo muy barato a futuro. El problema es que lo hicieron a través de créditos a un gobierno irresponsable que sabían que lo utilizaría para regalar baratijas y electrodomésticos a las clases más pobres y así ganar elecciones.

—Ese gobierno lo eligieron ustedes. No lo elegimos nosotros. No somos responsables de la administración que él  haga de ese dinero. Irónicamente, ¿no es esa una de las ventajas de la democracia que tanto defienden: que la mayoría ignorante elija los gobiernos? Pues, ahí lo tienen.

—No hablamos de las ventajas o defectos de la democracia. Hablamos de si estás de acuerdo o no con las formas que usa tu gobierno. Porque, a pesar de la miseria que ha causado ese gobierno venezolano, China sigue apoyándolo. Y creo que ya deben tener claro que nunca va a pagar lo que prometieron, ni le pueden enviar el petróleo que le ofrecieron. Para empezar, porque acabaron con toda la industria petrolera.

»El que sigan apoyándolo me podría indicar que quieren, a futuro, tomar control de algo, demandado un pago a las deudas que Venezuela mantiene con China. ¿Pero, qué? ¿Territorio? ¿Control sobre los recursos naturales? Saben que eso es imposible, más tomando en cuenta que muchos de esos contratos se hicieron directamente con la presidencia de Venezuela, sin aceptación de la asamblea, por lo que son ilegales.  Y los últimos, además, los han hecho con un gobierno de facto que no es reconocido por la mayoría de las naciones. Así que, ¿qué buscan y a qué costo? ¿Por qué apoyan tanto daño a mi país?

Gabriela entendió por qué Enrique había impedido que Jorge explotara en el muelle. Quería que guardara todo el malestar para ese momento, y lo pusiera en su cuestionamiento a Huang. Se volteo a verlo, y asintió con una sonrisa.

—Si te hace sentir más tranquilo —continuó Huang—, nunca estuve de acuerdo con los negocios que hicimos con  Venezuela. O con su gobierno, para  que no te molestes. Y hay dos razones para ello: primero, me parecían un grupo de seres muy ignorantes y con graves problemas emocionales, sin la capacidad de programar y controlar lo que iba a suceder con la economía.

—O sí la tenían, y su objetivo siempre fue que ocurriera lo que ocurrió. Querían destruir el País y convertirlo en una Cuba con infinitos recursos naturales. Lograr unas condiciones imposibles, para que la mayoría de la población, sobre todo la clase media y educada, se fuera. Que los jóvenes dejara el País. Los que quedan en Venezuela siempre están en emergencia, pensando cómo sobreviven, sin tiempo o energías para participar en protestas o proyectos políticos. No hay electricidad, cuando antes le vendíamos a Colombia y Brasil. No hay agua, cuando estamos en unas de las zonas con mayor agua dulce en el mundo. No hay ni gasolina. Se acabó la producción de alimentos. La red de distribución de comida más grande a los pobres, que ahora es más del noventa por ciento de mi país, la controla el gobierno. Si te portas mal, no comes. Yo creo que no son tan estúpidos. Que los estúpidos fuimos nosotros, pensando que iban a salir por vías democráticas, y ustedes, que pensaron que iban a recibir algo a cambio. Es que no aprendieron de cómo Cuba desangró a Rusia —lo interrumpió Jorge.

—No he llegado a tantos análisis sobre las razones que ha tenido tu gobierno para hacer lo que ha hecho, es verdad. El análisis que sí hice, y es la segunda razón por la que no me gustaba el negocio con él, es que nos iba a pasar lo mismo que a Los Estados Unidos, cuando apoyó las dictaduras militares de derecha en Latinoamérica para evitar la propagación del comunismo: por reacción natural, casi toda la juventud Latinoamericana vio con simpatía el comunismo y detestó a los Estados Unidos de Norteamérica. Le entregaron en bandeja de plata a la izquierda los futuros intelectuales, profesores, comunicadores sociales y políticos. Se pusieron en su contra a la opinión pública del siguiente lustro. Y muchas veces ni siquiera participaba el gobierno, sino diferentes empresas norteamericanas libres de actuar con criterio propio fuera de su país. Pero la población que veía a una empresa norteamericana haciendo negocios con su dictador veía al gobierno norteamericano. Pelear contra el imperialismo yanqui es una oferta que todavía gana elecciones en muchas partes del mundo, incluyendo tu país. Eso nos puede pasar a nosotros, porque los jóvenes venezolanos de hoy nunca verán con buenos ojos a China. Y, en el futuro,  ellos formarán parte de la opinión pública de muchos de los países que los han acogido. Tú eres el perfecto ejemplo.

—Pero sigues midiendo lo aceptable del daño que se le cause a otros en función de los beneficios que obtiene tu país  —le dijo Jorge.

—¿Y qué quieres, que mi gobierno se ocupe de pensar en lo que le interesa a Venezuela en vez de pensar en lo que le importa a China? No entiendo.

—No tu gobierno, sino los integrantes de este grupo     —interrumpió Enrique—. De eso hablamos. Es natural que tu gobierno se ocupe de tu país. Pero, ¿qué va a orientar nuestros objetivos? ¿Qué quieres lograr  y a qué costo? ¿Qué quiere Egbert?, tomando en cuenta que ambos son empleados que defienden la seguridad de sus países. Y ése es el próximo tema que quiero tratar: el nacionalismo o patriotismo.

Portada novela Creador de Espías
Thriller de actualidad con Espionaje, Geopolítica inteligencia artificial y romance
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2 comentarios

    1. Thank you. Every week I publish a segment of the texts not included in the edition of my novel. Eventually, I will also publish comments on other literary, political, philosophical, or technological topics. I want you to know that your comments are welcome.

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