Carlos Castaneda

composición con portadas de novelas de Carlos Castaneda

No es precisamente literatura, antropología o historia. Filosofía o religión, quizás. Yo prefiero llamarlos guías prácticas para convertirnos en brujos y conseguir la libertad.

 

Un inicio violento e indescifrable, lo sé. Así que vamos poco a poco.

 

Carlos Castañeda, o Castaneda, como es conocido por sus libros, llegó a mí de manera casi mágica.

 

Recuerdo que, desde muy pequeño, uno de los libros que mi papá tenía en su biblioteca me llamaba mucho la atención: The Second Ring of Power (mi papá prefiere leer en inglés). A pesar de que ni siquiera entendía completamente lo que decía el título, memorice su nombre. Era un libro que, siempre que iba a la casa de mi viejo, me atraía. Era como una fuente de poder.

 

Mucho después, a los «ventitantos», hurgando en la librería que quedaba en el Centro Comercial Chacaíto, una referencia para mí, encontré el libro en español. Inmediatamente supe que debía comprarlo y saciar mi curiosidad.

 

A pesar de que soy una persona muy amplia al conceptualizar la realidad, gran admirador de los relatos y enseñanzas zen, al principio me costó entrarle. No era capaz de ver nada e esa bruma de palabras. Pero, aún así, podía percibir que había algo importante en ellas.

 

Decidí que el problema residía en que quería evaluar y valorar lo que decía Castañeda en base a mi referencia cultural, usando mis patrones intelectuales para encasillar las cosas y sentirme cómodo y seguro.

 

Empecé a leer de nuevo sin tratar de juzgarlo todo y sin tratar de sentirme tan inteligente. Dejé que las palabras dijeran lo que el autor quería decir y no lo que yo quería que dijeran.

 

Ahí pude conocer un nuevo mundo y una forma diferente de evaluar la vida y sus objetivos.

 

Debo decir que, para entender y visualizar cosas que escribió Castañeda, ayudó las vivencias que había tenido cuando me recuperaba de un accidente de tránsito que me dejó en coma.

 

En esa etapa de recuperación, uno de los hemisferios de mi cerebro se encontraba muy inflamado y no funcionaba correctamente. De hecho, trataba de hablar y decía disparates: las palabras que salían de mi boca nada tenían que ver con lo que yo quería decir, a pesar de que pensaba que eran las correctas. En ese estado, el hemisferio que estaba sano asumió lo que hacía el otro, pero en sus propios términos. Por ello, en ese estado, pude percibir la vida de otra forma y tener habilidades que me parecerían imposibles, si no las hubiera vivido.

 

Acorde con esto, debo decir que Carlos Castaneda fue muy famoso en los 70 porque en sus libros se habla del consumo del peyote como herramienta para lograr estados que nos permitan percibir de otra manera la realidad (lo voy a decir de esta manera, para que me entiendas).

 

Yo logré por un tortazo posibilidades de percibir las cosas de otra manera, mientras que los habitantes del norte de México utilizaban drogas para ello. Muchos jóvenes de esa época hippie utilizaron los libros de Castañeda para meterse lo que pudieron, supuestamente con fines culturales. Eso lo hizo famoso por buenas y malas razones.

 

Ahora, el análisis formal: la obra de Castañeda relata sus aprendizajes del arte del nahualismo o el chamanismo de los mesoamericanos o amerindios que residían en américa central y sur de los E.E.U.U..

 

Él, un Peruano que estudiaba antropología en California, en la realización de estudios para su tesis conoció a Don Juan Matus, un indio Yaqui que lo introdujo en el mundo de los brujos o guerreros. De esa tesis nace su primer libro: Las Enseñanzas de Don Juan.

 

Listo. Hasta aquí el texto enciclopédico. Ahora, resumiendo en demasía, vamos al asunto: según Don Juan, el mundo que percibe el hombre común es solo uno de los millones que somos capaces de percibir.

 

Según explicó, el ser humano es un huevo de energía, que posee una esfera de energía diferenciada dentro de él por la que atraviesan algunos de los millones de filamentos de energía que escupe el Águila, el centro que genera toda la energía del universo.

 

El ser humano es capaz de percibir solo los filamentos de energía o realidades que atraviesan ese punto, llamado punto de encaje.

 

Supuestamente, cuando somos muy niños el punto de encaje se mueve libremente y con mucha facilidad, hasta que la socialización lo fija en un punto específico, que le permite percibir el mundo como el resto de nosotros.

 

Los primeros videntes, brujos o guerreros fueron capaces de percibir esto y crearon el camino del guerrero o la brujería, cuyo objetivo es aprender a mover el punto de encaje a voluntad. En términos prácticos, percibir otros mundos y aprovecharse de ello.

 

Pero claro, esto no es tan sencillo como quererlo: debes tener una configuración energética específica y llevar una vida llena de exigencias y aprendizajes, que nada tienen que ver con nuestro día a día, para lograrlo.

 

En sus libros Carlos Castañeda relata todas sus vivencias con Don Juan, su Nagual (Maestro o jefe de grupo) y sus discípulos.  Cada grupo de guerreros está conformado por un nagual hombre, uno mujer y una serie de guerreros y guerreras que deben ser ensoñadores y asechadores (habilidades que deben desarrollar).

 

Muchas de esas enseñanzas tienen cosas en común con las de Buda y las de Jesús Cristo, pero sus fines, aparentemente, son distintos. Por ejemplo, la muerte del ego. Según Don Juan, el ego, el mantener la imagen que nos creamos de nosotros mismos, consume casi el total de nuestra energía. Eso nos deja muy poca para labores que son realmente importantes para los brujos.

 

También le pone tareas a Castaneda para acabar con su lástima por él mismo y por los demás.

 

Otras de las enseñanzas es la de ensoñar. Según Don Juan, cuando soñamos nuestro punto de encaje se libera y se pueden percibir otros mundos. Aprender a ensoñar significa aprender a estar conscientes en nuestros sueños, percibir otros mundos y sacar provecho de ello.

 

Antes de leer El Arte de Ensoñar dormía como un tronco y no recordaba ninguno de mis sueños. Después de leerlo, empecé a practicar formas de estar consciente en mis sueños. Hoy te puedo decir que he aprendido a volar, como súperman; recurrentemente me encuentro en sitios a los que pertenezco en esos sueños, con personas que tienen historia y puedo reconocer; he compuesto música, o he podido convertir una música clásica que sonaba en una tecno que se adaptaba mejor al ambiente en que me encontraba. He despertado de un sueño dentro de otro sueño, para continuar en el nuevo (supuestamente, un recurso que genera mucha energía).

 

Castaneda explica que en un principio los brujos antiguos sacaron provecho de esas técnicas para tener beneficios en enfoques puramente terrenales y humanos, lo que casi llevó a su desaparición. Luego vino un grupo de nuevos brujos cuyo único objetivo es generar suficiente energía para satisfacer al águila cuando nos llega la hora de morir. Don Juan le explicó que somos una esfera de energía consciente que el Águila escupe; que, al morir, esa burbuja explota y la energía es reabsorbida por el Águila. Que si generas suficiente energía y satisfaces sus demandas, el Águila te permite mantenerte como una energía consciente por siempre.

 

Por supuesto, esto es lo que he concluido después de leer muchos libros de Castaneda a lo largo de muchos años. Y claro, no soy ningún brujo ni me he dedicado a vivir según esas exigencias ni a buscar la persona, el nagual, que me lo explique y me oriente.

 

Lo que sí soy es un ser humano muy curioso por escuchar nuevas interpretaciones, con sentido, sobre nuestra vida y las dudas que acompañan a la mayoría de los seres humanos.

 

Por supuesto, algunos dicen que Castaneda es un farsante. No lo sé. Si todo lo que escribe es inventado, era un tipo genial. En sus libros he encontrado síntesis brillantes sobre la conducta humana y la sociedad; explicaciones a mundos que he podido vivir en sueños o en el estado en que me encontraba, posterior al accidente.

 

Si eres una persona curiosa y abierta a nuevas interpretaciones sobre lo que somos, te lo recomiendo.

 

Pero ten paciencia, para entenderlo completamente debes dejar de juzgar.

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